El mundo de la luz 5

Aunque pudiera tener casi todo lo que salía nuevo al mercado, Charlotte solo notaba que tenía una vida plena cuando al hacer deporte, la adrenalina corría por sus venas. El problema era que tras su puesta de largo, esos momentos de libertad se estaban convirtiendo en aburridas reuniones sociales o entrevistas posibles pretendientes.
-Pues créeme cuando te digo que aquí es peor.- pese a que intentaba modular la voz, Charlotte no pudo evitar fijarse en el tono de rabia empezaba a nacer.- La gente huye de Londres por el hambre pensado que todo lo que plantas crece; pero lo que nadie les cuentan es que lo poco que crece en estas malas tierras se tiene que entregar como diezmo a los corrientes.
Eric soltó un bufido que la sobresaltó; el chico destilaba rabia hacia los de su clase, no hacía nada por ocultarlo y Charlotte se preguntó si estaba segura con él.
-Los mismos que se gastan lo poco que ganamos apagando simbólicamente- dijo gesticulando- las luces de una ciudad que solo ellos pueden ver brillar.
-No todos son así.
Charlotte sentía la necesidad de hablar y defender a los suyos; por lo que ella sabía los analógicos eran un grupo de vagos que habían decidido vivir en el campo para dedicarse a la contemplación e intentando emular a las sociedades pre e-revolucionarias. Eric la miró con
tanta atención que la chica sintió como si la fina red de mentiras que había tejido se evaporaba.
-¿En serio lo crees?


Pensó en sus amigos, en Madison y en Marc, en como la habían defendido en más de una ocasión o en como Marc desafiaba a sus padres al negarse a entrar en fábrica familiar de patentes porque su sueño era estudiar el pasado, la historia del mundo antes de la e- revolución.
-Sí.
-Espera.- dijo y antes de que Charlotte pudiera reaccionar, Eric le quitó la capa y alargó las manos hacia su blusa blanca.
-¿Qué haces?- preguntó aterrorizada.
-Enséñame la marca.
-¿Qué marca?
Tras un corto forcejeo del que casi sale vencedora, Eric la inmovilizó contra el suelo y desabrochó la blusa para dejar al descubierto la fina piel de su hombro.
-Eres una…- dijo estupefacto tras comprobar que no tenía la marca.
Una pandemia antes de la e-revolución había acaba con la mitad de la población del planeta por lo que todos los niños al nacer eran vacunados y marcados en el hombro derecho. Como gran parte de la clase superior, Charlotte se había tratado la fea cicatriz con laser para librarse del estigma.
-¡Suéltame!- gritó Charlotte tras darle una bofetada.
Aprovechó que estaba estupefacto para liberarse y abrocharse de nuevo la blusa.
-¿Qué haces aquí? ¿Quién eres?- preguntó Eric intentado asimilar que había estado dos horas encerrado con una “corriente”.
Charlotte le ignoró y corrió hacia la puerta solo para comprobar que estaba cerrada.
-No lo intentes,-explicó levantándose del suelo.- el protocolo las bloquea 24 horas.
No entendía como se había podido tragar la historia de que era una analógica recién llegada, sus maneras, modales y manos perfectas delataban que nunca lo había pasado mal. Que era una chica de una familia “corriente”. Pero sobre todo maldijo a sus padres por no haberle contado nada del plan de secuestrar a una chica para hacer presión y lograr que se desactivaran todas las máquinas.
Charlotte no dijo nada y recorrió la sala buscando otra puerta o vía de escape; de repente sus ojos se toparon con un filo de cristal y su mano se lanzó hacia él.
-Dime como salir de aquí.
Eric levantó las cejas sorprendido por la violencia de su voz. Tambien le había ocultado su naturaleza; bajo esa cara de niña bien había oculta una fiera.
-Dime como salir de aquí.- repitió acerándose con el cristal por delante como arma.
-¿O si no?
-No respondo de mis actos.
-No te interesa matarme.
-No me interesa quedarme aquí.-replicó y avanzó otro paso hacia él.
Eric retrocedió hasta chocar con el sofá. Aquella chica estaba loca, en sus ojos se mezclaban el miedo y la ira.
-No lo entiendo.- exclamó el hombre mientras golpeaba con violencia la mesa.-¿Dónde está?
Ninguno de los tres hombres se atrevió a responder, desviaron la mirada hacia la mujer y esta les indicó calma con un gesto de la mano.
-Tranquilo, no puede haber salido.- le tranquilizó en voz baja.- Hemos activado el protocolo.
-Era un plan perfecto.- se lamentó.
-Era un plan delicado, esto podía pasar.
-No lo entiendo, lo hemos registrado todo, hemos preguntado a todos y nadie ha visto nada.
-Es una cría “corriente”, no podrá estar muy lejos.- se aventuró a decir uno de los hombres.
-¡Buscarla!

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