Una tarde de Domingo.

Al entrar en la farmacia  se detuvo de golpe, arrepintiéndose en el acto de haber cruzado esa puerta

¿Qué hacía ahí? ¿Justo ahí?

Aquella tarde  había salido de casa con la idea de ir a la farmacia más alejada que pudiera encontrar. Pero no había andado ni diez minutos cuando había visto la cruz verde iluminada y, a través del cristal, a la farmacéutica de su barrio.

-Yo….- desvió la mirada hacia el mostrador.- quería una crema.

La mujer la miró sin presionarla, acostumbrada a todo tipo de clientes y demandas.

La chica cerró los ojos y dejó caer el brazo sobre la mesa, desvelando finas, furiosas y desordenadas marcas de batallas perdidas.

-Cicatrizante.- completó con un aplomo extraño.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Francisco dice:

    Me encanta cómo escribes😍😍😊😊

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    1. Me encanta que te encante😉

      Me gusta

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