Cobardes

-Eres un cobarde.-escupió  el dragón junto a una llamarada de fuego.

El pequeño soldado le miró con los ojos empañados por las lágrimas, se levantó y con una seguridad de la que él mismo se sorprendió, se plantó delante del monstruo para decirle:

-Puedes pensar que soy un cobarde por llorar, por necesitar un descanso cuando estoy cansado o por buscar consuelo cuando estoy herido. Pero has el guerrero más valiente necesita llorar cuando está herido. Llorar no nos debilita, las  lágrimas se llevan la oscuridad de nuestra alma; y una vez limpios podemos centrarnos en la luz.

Y tras decir esto, sacó la espada de su funda y de un golpe certero mató al monstruo.

 

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