Ideas frescas.

Tengo que admitir una cosa, pese a que durante años odié los sombreros y las gorras, con dos añitos me gustaban… y mucho. Tanto que cuentan que me comí uno.

Después de eso, lo único que me cubría la cabeza para desesperación de mis progenitores era mi propio pelo. Odiaba las gorras de publicidad, me costaba encontrar una que me entrara en la cabeza (trauma de cabezona).

Pero….

No se porqué, pero de repente un día las tiendas empezaron a vender sombreros de “paja”, de todos los estilos, colores y tamaños.

Y por fin hice acaso a mi madre y empecé a evitar que se me evaporaran las ideas.

 

Modelo bicolor de parfois.
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