En defensa de la cultura. Melína Merkoúri.

 Discurso de Melina Merkoúri, primera mujer ministra de cultura en Grecia:

Señor Presidente, Honorables Miembros, Damas y Caballeros.

En primer lugar, permítanme agradecer a la Oxford Union por organizar este debate, y también por invitarme al mismo. Me parece bueno que esta noche pueda oírse aquí una voz griega; incluso una voz con mi pobre acento. Lo escucho y me sobresalto. Recuerdo lo que Brendan Brehan dijo alguna vez acerca de cierto locutor: “Habla como si tuviera a los Mármoles de Elgin en la boca”.

Hay otros agradecimientos que debo mencionar, a los muchos ciudadanos británicos que han defendido la posición de mi gobierno, a los Honorables Miembros de ambas Cámaras que manifestaron interés y simpatía por el retorno, a los participantes en el debate de esta noche y por supuesto, por los esfuerzos que ha realizado para llevar la verdad al pueblo británico, mi más profunda gratitud al Comité Británico por la Restitución de los Mármoles del Partenón.

Y son los Mármoles del Partenón. No existe nada llamado “los Mármoles de Elgin”.

Existe un David de Miguel Ángel

Existe una Venus de Da Vinci

Existe un Hermes de Praxíteles

Existe un “Pescadores en el Mar” de Turner

¡No Existen los “Mármoles de Elgin”!

Ustedes saben que se dice que nosotros los griegos somos una raza fervorosa y de sangre caliente. Bien, déjenme decirles algo al respecto: Es cierto. Y yo no soy conocida por ser la excepción. Sabiendo lo que esas esculturas significan para el pueblo griego, no es fácil referirse desapasionadamente al hecho de su extracción de Grecia. Pero lo intentaré. Lo prometo.

Uno de vuestros eminentes profesores me ha aconsejado contar la historia de cómo los Mármoles fueron llevados desde Atenas a las costas británicas. Respondí que esos hechos eran bien conocidos, pero se me dijo que si hubiera una sola persona en la sala que no los conociera sino vagamente, la historia merecía ser contada. Así que la contaré, tan brevemente como pueda.

Nos encontramos en los finales del siglo diecinueve. Napoleón se encuentra evaluando los riesgos de invadir Inglaterra. Finalmente, decide que no es una buena idea y en su lugar invade Egipto, arrebatándolo de la dominación turca. A los Turcos esto no les agrada en lo absoluto, y rompen las relaciones diplomáticas con Francia, declarándole la guerra. Gran Bretaña decide que este es un gran momento para enviar un embajador a Turquía.

Entra en escena Lord Elgin. Él es el elegido para el puesto. Está recién casado con la hermosa Mary Nisbett y se encuentra terminando su refinada quinta campestre. Su arquitecto le cuenta acerca de las maravillas de la escultura y arquitectura griegas, y le sugiere que sería una gran idea hacer vaciados de yeso de los objetos en Atenas. “Es una gran idea, ciertamente”, responde Elgin y comienza a organizar un grupo de personas capaces de hacer dibujos arquitectónicos, dirigidos por un pintor respetable, quien termina siendo Giovanni Lusieri, un pintor italiano.

No puedo resistir el tomarme un momento para referirles una anécdota: Elgin había conversado previamente con Turner. Si, ése Turner. El joven pintor se había mostrado interesado. Lord Elgin expuso las condiciones: Cada dibujo y boceto que Turner hiciera pertenecería a Su Señoría. En su tiempo libre daría lecciones de dibujo a Lady Elgin. “Muy bien,” respondió Turner, “pero entonces quiero cuatrocientas libras al año”. “No, no,” dice Elgin, “demasiado, demasiado”. Y así, Turner no fue. Fin de la anécdota.

El Capellán del equipo de Elgin era el reverendo Phillip Hunt. No me referiré a él muy reverentemente. Si tengo que excluir a Lord Elgin, el archivillano en la historia tal como yo la veo es el reverendo Hunt. Más adelante ampliaré este asunto.
Los Elgin son recibidos con gran pompa en Constantinopla, intercambiándose fastuosos presentes. Los vaivenes de la guerra son ahora favorables a los británicos y el Sultán está encantado con ello. Y ahora volvamos a Grecia, esta Grecia ocupada desde hace casi cuatrocientos años por el Imperio Otomano.

El equipo de artistas llega a Atenas. Para controlar la ciudad, los Turcos nombraron dos gobernadores, uno civil y otro militar. Mucho se ha dicho y continúa diciéndose acerca de la poca consideración que los turcos tenían por los tesoros de la Acrópolis. Aún así, tomó seis meses garantizar el acceso al equipo de Elgin. Pero finalmente lo consiguieron: cinco libras por visita en la palma del gobernador militar. De esa forma se inauguró un proceso de sobornos y corrupción de oficiales que no se detendría hasta que los Mármoles fueran embalados y enviados a Inglaterra.

Cuando los andamios ya se encontraban levantados y los moldes listos para ser confeccionados, llegaron repentinos rumores acerca de que Francia hacía preparativos para una acción militar. El gobernador turco ordenó la salida del equipo de Elgin de la Acrópolis. Cinco libras la visita o no, el acceso a la Acrópolis estaba prohibido. Había una única posibilidad de volver allí: que Lord Elgin utilizara su influencia con el Sultán en Constantinopla para obtener un documento, llamado firman, ordenando a las autoridades de Atenas que permitieran la continuación de los trabajos.

El reverendo Hunt viaja a Constantinopla para entrevistarse con Lord Elgin. Pide que en el documento conste que los artistas – por favor, tomen nota de esto – se encuentran al servicio del Embajador Extraordinario Británico. Elgin se reúne con el Sultán y consigue el firman. La redacción del mismo es bastante tortuosa. Permítanme leerles las órdenes dadas por el Sultán que vienen al caso de nuestra discusión. Cito:

“Que los artistas no encuentren oposición en caminar, observar y contemplar los cuadros y edificios que quieran dibujar o copiar; o en fijar andamios alrededor del templo; o en modelar con tiza o yeso los mencionados ornamentos y figuras visibles; o en excavar, cuando lo crean necesario, en busca de inscripciones entre los desperdicios. Que no les sea impedido llevarse cualquier pedazo de piedra con inscripciones y dibujos.”

(En la traducción posterior de Hunt presentada ante el Comité Selecto puede leerse: Qualche pezzi di pietra – cualquier pedazo de piedra).

Estas instrucciones son dadas a los gobernadores – y esto es algo que dice el firman – debido a las excelentes relaciones entre los dos países, y cito nuevamente:

” … particularmente tomando en cuenta que no se causará daño a los edificios mencionados al observarlos, contemplarlos y dibujarlos”.

Tan pronto como el firman fue recibido en Atenas, un febril y terrorífico asalto se perpetró en un edificio que, aún hoy, muchos consideran el más puro y hermoso de la creación humana.

En el momento en que fue atacado el pórtico de las Cariátides del Erecteón, la fiebre era tan intensa que el Reverendo Hunt sugirió que podría removerse el edificio completo si pudiera despacharse un gran buque de guerra Británico para él. Lord Elgin estaba excitado por la idea y solicitó el envío del barco. La solicitud no fue considerada escandalosa, pero en ese momento no había ningún barco disponible. (Imaginemos si lo hubiera habido)

El relato de todos los horrores llevaría demasiado tiempo y demasiada continencia. Las palabras “pillaje”, “dilapidación”, “desvastación caprichosa”, “lamentable derrumbamiento y ruina” no se me están ocurriendo ahora, sino que fueron dichas por los contemporáneos de Elgin. Horace Smith se refirió a Elgin como “el ladrón de mármol”. Lord Byron lo llamó saqueador. Posteriormente, Thomas Hardy escribía acerca de los mármoles como “cautivos en el exilio”.

Mi gobierno ha solicitado la devolución de los Mármoles del Partenón. Nos ha sido negada. Que quede asentado que nunca abandonaremos esta demanda. Permítanme enumerar los argumentos que se oponen al retorno y analizarlos uno por uno.

En primer lugar, los Mármoles fueron obtenidos a través de una transacción justa. Yo me pregunto si el soborno y la corrupción de funcionarios pueden contradecir el espíritu de una “transacción justa”. Cuando el designado Comité Selecto se encontraba estudiando la proposición de compra de los Mármoles a Su Señoría, Elgin presentó una cuenta detallada de los gastos en que incurrió para su obtención. Citando sus comentarios: “los obstáculos, interrupciones, y desaliento causado por los caprichos y prejuicios de los turcos”, incluye un ítem de 21.902 libras en presentes para las autoridades de Atenas. Bueno, al menos es una suma adecuada. Y por supuesto, debería preguntarse: ¿Es adecuado negociar con los turcos la más apreciada de las posesiones griegas cuando Grecia se encuentra bajo su ocupación?

Un segundo argumento que se presenta a pesar de haber sido calurosamente rebatido por viajeros británicos de la época en Grecia es que:

” … Los ignorantes y supersticiosos griegos estaban indiferentes ante su arte y monumentos.”

Esto, por supuesto, implica que eran ciegos, inconscientes y sin corazón. ¿Quiénes? ¿Esos griegos que mucho después de Pericles crearon las maravillas del arte Bizantino? ¿Esos griegos que aún bajo ocupación turca crearon multitud de escuelas de arte y técnicas? ¿Esos griegos que a pesar de cuatrocientos años de dominio turco mantuvieron obstinadamente su lengua y religión? ¿Esos mismos griegos que durante su lucha por la independencia enviaron a los soldados turcos municiones para ser utilizadas contra ellos mismos? Si, contra ellos mismos.

Las tropas turcas asediadas en la Acrópolis se estaban quedando sin municiones y comenzaron a atacar las grandes columnas para extraer plomo para hacer balas con él. Los griegos les enviaron municiones junto con un mensaje: “Aquí tienen balas. No toquen las columnas”.

Una vez que se recuperó la independencia, una de las primeras leyes que dictó el gobierno griego fue la de la protección y preservación de los monumentos nacionales. ¿Indiferencia? Consideramos monstruosa a esta acusación. Seguramente ya habrán oído, pero déjenme repetirles, lo que un desconsolado griego le dijo a los miembros del equipo de Elgin, tal como lo cuenta J.C. Hobhouse: “Ustedes han tomado nuestros tesoros. Por favor cuídenlos bien. Algún día reclamaremos su devolución”. ¿Creeremos que este hombre hablaba sólo por sí mismo?

Últimamente se ha propuesto una nueva teoría, y ésta es una belleza. El Sr. Gavin Stamp, con quien tendré el honor de reunirme esta noche, propone la idea de que los griegos modernos no son descendientes de Pericles. Oh! Nuestros Mármoles han sido sustraídos. ¿Quién reclamará por los huesos de nuestros ancestros?

Como Ministra de Cultura, lo invito a través de este medio a venir a Atenas. Le conseguiré espacio televisivo en horario central para que les diga a los demógrafos y al pueblo griegos quiénes son.

Argumento Número 3. Si los Mármoles son devueltos, se sentará un precedente que podría terminar en el vaciamiento de los museos. Pido disculpas, pero creo que esto es mera charlatanería. ¿Quién solicitará y quién permitirá el vaciamiento de los museos?

Permítaseme decir una vez más que creemos que los museos son una necesidad social y cultural y deben ser protegidos. He repetido una y otra vez que reclamamos por una parte integral de una estructura que ha sido mutilada. En todo el mundo, el nombre de nuestro país es inmediatamente asociado con el Partenón.

Reclamamos solamente por algo único, sin igual, algo específico de nuestra identidad. Y estimados amigos, si existiera la mera sombra de una sombra de daño a los museos, ¿Por qué recomendaría su retorno el Concejo Internacional de Museos, como lo ha hecho?

Argumento Número 4. Éste de cosecha más reciente. ¡Polución! Polución sobre la Acrópolis. Que sentido tiene esto? Cuando Londres se enfrentaba con el severo problema de la polución, ¿Hubo gritos de alarma por los Mármoles? Por supuesto que no. Y por la simple razón de que se encontraban dentro del Museo Británico. No pretendemos reponer las esculturas en el friso. Creemos que esto no puede realizarse, y mi gobierno ha expresado públicamente que el día que Atenas vea el retorno de los Mármoles, se encontrará listo para recibirlas y adyacente a la Acrópolis para situarlas en contexto, un hermoso museo con los más avanzados sistemas de seguridad y preservación.

Quisiera añadir que nos enorgullecemos de las obras actualmente en curso en la Acrópolis. La exposición de estas obras fue realizada ante un congreso de los arqueólogos más importantes del mundo, invitados a Atenas. Sus elogios fueron unánimes, entusiastas y gratificantes. Desde entonces, ha sido exhibida en las ciudades europeas más importantes. Ha sido gentilmente recibida por el Museo Británico en Londres. El Financial Times publicó un reporte acerca de la calidad de estos trabajos y de las habilidades ejemplares de los restauradores griegos. He requerido que se disponga de copias para aquellos de ustedes que pudieran encontrase interesados en leerla.

El argumento más esgrimido es que al remover los Mármoles, fueron salvados de la barbarie de los turcos. El negar su vandalismo me pondría en una situación difícilmente defendible, pero el hecho es que los turcos negaron el permiso a Elgin para remover esculturas de las obras o de las paredes de la ciudadela; y con la bendición del Reverendo Hunt, fueron bárbaramente removidas. Cito una carta de Luisieri a Elgin:

” Tengo, mi Señor, el placer de anunciarle la posesión de la octava metopa, aquella en la que se encuentra el centauro arrastrando a la mujer. Esta pieza ha causado tantos problemas que me he visto obligado a ser ligeramente bárbaro.

En otra carta esperaba que

“… las barbaridades que me he visto obligado a cometer a su servicio me sean perdonadas”.

Edward Dodwell escribió que:

“He tenido la mortificación indecible de estar presente en el momento en que el Partenón fue despojado de sus más refinadas esculturas. Vi desmontar varias metopas del extremo sudeste del templo. Estaban colocadas entre los tríglifos, como en una ranura; y para poder levantarlas fue necesario arrojar al suelo la magnífica cornisa con la que habían sido cubiertas. El ángulo sudeste del pedimento corrió la misma suerte; y en lugar de la pintoresca belleza y elevado grado de preservación con que lo vi al principio, ahora se encuentra completamente reducido a un estado de destrucción desolador. No podemos sino aborrecer el espíritu de barbarie que los impulsó a destruir y mutilar, a saquear y derrumbar las nobles obras ordenadas por Pericles y ejecutadas por el inigualado genio de Fidias e Iktinos.”

Otro testigo, Robert Smirke, escribe:

“Me afectó particularmente el ver la destrucción perpetrada para quitar los bajorrelieves de las paredes del friso. Cada piedra golpeaba el suelo al caer con su gran peso, produciendo un profundo sonido hueco, como si se tratara del espasmódico gemido del herido espíritu del templo.”

Edward Daniel Clarke se encontraba entre aquellos que presenciaban la devastación. Escribe:

” al mirar hacia arriba vimos con pesar la rajadura que se había producido, que todos los embajadores de la Tierra, con todas las soberanías que representan, ayudados por cada recurso que la fortuna y el talento puedan otorgar, jamás podrán reparar.”

Tanta fue la barbarie.

En el año 1816 se designa un Comité Selecto para estudiar una propuesta realizada por Lord Elgin. Los Mármoles habían sido exhibidos en varios lugares y cobertizos. Los tiempos son difíciles para Lord Elgin y ofrece vender los Mármoles al gobierno. El comité tiene que decidir:

    • Con qué autoridad fue adquirida la colección.
    • Bajo qué circunstancias esa autoridad fue concedida.
    • El mérito de los Mármoles como obras de arte.
    • Cuánto debería pagarse en el eventual caso de adquirirlas.

Si leen el reporte, encontrarán que la mayor parte del testimonio se enfocaba en qué tan buenos eran los Mármoles y cuanto debería pagarse por ellos. Pero a fin de recomendar su compra, debería sortearse un obstáculo: Que las circunstancias de la transacción fueran adecuadas y que los Mármoles hubieran sido obtenidos por Elgin, el ciudadano privado, y no por medio de su influencia como embajador británico.

Les leo del reporte del Comité Selecto:

“El Conde de Aberdeen, respondiendo a la pregunta de si la autoridad e influencia pública era, en su opinión, necesaria para lograr la remoción de esos Mármoles, dijo que no creía que una persona privada pudiera haber logrado la remoción de los restos que Lord Elgin había obtenido.”

(El Conde de Aberdeen, quien no era un buscador de tesoros común él mismo, se encontraba en Grecia en ese momento y en posición de saber del asunto).

Sigo leyendo del reporte:

” El Doctor Hunt, quien ha tenido mejor oportunidad de informarse sobre este punto que cualquier otra persona que haya testificado, dio su decidida opinión de que un ciudadano británico que no se encontrara en la posición de embajador, no hubiera podido obtener del gobierno turco un firman con tan amplias facultades”

Sigo leyendo del reporte:

“El éxito de las armas británicas en Egipto y la esperada restitución de esa provincia, provocó un maravilloso e instantáneo cambio en la disposición de las personas de todas clases y rangos hacia nuestra nación.”

Y aún, escuchen esto que les leo de la conclusión del Comité Selecto:

“No puede dudarse que Lord Elgin se vio actuando en un carácter enteramente distinto de su posición oficial. Pero si el gobierno del cual obtuvo permiso consideró esto así, es una cuestión que podrá ser resuelta sólo a través de conjeturas y razonamiento, en ausencia y deficiencia de cualquier testimonio cierto.”

(Si esto no es doble discurso, ¿Qué es?)

¿Ausencia de testimonio cierto? Lord Elgin dirigiéndose al Comité:

“He tenido que negociar con la más altas personalidades del Estado.”

¿Pudo el Comité realmente creer que un ciudadano común podría llegar a negociar con las más altas personalidades del estado Turco?

Lord Elgin contó al Comité de su gratitud por haber contado con un barco de Su Majestad para transportar las cajas con los Mármoles. ¿Hubiera conseguido un ciudadano ordinario poner una Real nave militar a su servicio?

Pregunta del Comité al Reverendo Hunt:

“Cree usted que el firman dio autorización directa para remover figuras y piezas de escultura de las paredes de los templos, o que debió haber sido una cuestión de arreglo privado con las autoridades locales?”

Hunt respondió:

“Esa fue la interpretación que el gobernador de Atenas fue inducido a aceptar.”

¿Inducido por quién? ¿Por un ciudadano privado? ¿Ausencia de testimonio cierto? ¿A un ciudadano privado o a un embajador? Bien, entonces, refirámonos al firman mismo. La autorización fue concedida a Lord Elgin “… debido a la amistad entre la Sublime y Siempre Duradera Corte Otomana y la de Inglaterra.”

Señor Presidente, Honorables miembros, Damas y Caballeros, con las pertinentes disculpas, si son necesarias, propongo ante ustedes que el fallo del Comité con respecto a que Lord Elgin actuó como una persona privada es, o la cima del ingenio, o de dudosa fe.

Pero eso ocurrió hace ciento setenta años. Esta es una Inglaterra diferente. Han cambiado los conceptos de Imperio y conquista. Una ética diferente prevalece. Sería interesante saber a que conclusión arribaría hoy un comité si revisara la misma evidencia de aquellos llamados ante el Comité Selecto – y los juicios de aquellos que no lo fueron. Apuesto a que el desenlace sería distinto.

He abusado de su tiempo y sé que el debate es la herramienta para atrapar conciencias. Espero que el mismo haga surgir algunas preguntas. Tengo una pequeña lista:

    • ¿Los Mármoles fueron tomados incorrectamente? Y si así fuera, ¿Sería correcto conservarlos?
    • Si su apropiación fue correcta, ¿Es incorrecto devolverlos?
    • ¿Qué valor debe darse al argumento de que si Elgin no los hubiera tomado, algún otro Inglés o Francés lo hubiera hecho?
    • ¿Tiene alguna relevancia que el 95% del pueblo griego nunca verá lo mejor de la creatividad griega?
    • ¿Es concebible que una Grecia libre hubiera permitido la remoción de los Mármoles?

Inglaterra y Grecia son amigos. Sangre inglesa fue vertida en el suelo griego durante la guerra contra el fascismo, y los griegos dieron sus vidas para proteger a los pilotos ingleses. Lean a Churchill, él cuenta cuan crucial fue el rol griego en vuestra decisiva victoria en el desierto contra Rommel.

El año pasado se llevó a cabo una celebración de Shakespeare en el Anfiteatro al pie de la Acrópolis. Vuestro Covent Garden trajo Macbeth de Verdi. Vuestro Teatro Nacional llegó con Coriolano. Ésas fueron noches inolvidables, no sólo por la gran calidad de la interpretación, sino además por la extraordinaria comunión entre los artistas británicos y la audiencia griega. Ian McKellen me perdonará si les cuento de sus lágrimas de emoción y las de sus compañeros artistas mientras la audiencia los ovacionaba de pie. Esas lágrimas tuvieron que ver con un entendimiento entre dos pueblos, con amistad, con Shakespeare interpretado en ese lugar sagrado. Fue hermoso, memorable. Es en el espíritu de esa amistad que les decimos que ha existido una injusticia y que hoy puede ser corregida.

Deben comprender lo que los Mármoles del Partenón significan para nosotros. Son nuestro orgullo. Son nuestros sacrificios. Son nuestro símbolo de excelencia más noble. Son un tributo a la filosofía democrática. Son nuestras aspiraciones y nuestro nombre. Son la esencia del ser Griego.

En este momento podemos decir que consideramos la empresa de Elgin como absolutamente irrelevante para el presente. Decimos al gobierno británico: Han tenido esas esculturas por casi dos siglos. Las han cuidado tan bien como han podido, por lo que les estamos agradecidos. Pero ahora, en nombre de la justicia y de la moralidad, por favor devuélvanlas. Creo sinceramente que semejante gesto de parte de Gran Bretaña honraría su nombre para siempre.

Melina Merkoúri por gettyimages.
Gracias.
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