Apología al aburrimiento

No sabemos aburrirnos.
Desde pequeños tendemos a ocupar cada instante de nuestro tiempo libre con academias de idiomas, clases de baile, cursos de natación, campamentos de verano… Cualquier cosa se considera mejor que estar sentado con los brazos cruzados.
Aunque es cierto que con tiempo libre pensamos y damos vueltas a las cosas, aburrirse ayuda a desarrollar la creatividad y la imanación.
Si a un niño de 3 años  le damos un lápiz y un papel, no necesitará nada más para crear un mundo, pero si a un niño “sobre estimulado” de unos, pongamos, doce años le damos el mismo lápiz y el mismo papel en blanco, seguramente nos lo devolverá tal cual diciendo que no se le ocurre nada y que se aburre.

Ay, yo era de esas niñas “sobre estimuladas” por mil una cosas que asustada de aburrirme se inventaba tareas para ocupar el tiempo libre…
Y claro, eso satura, o saturaba; hasta que una noche de insomnio cerré los ojos y se me ocurrió inventarme una historia. Así que descubrí como el aburrimiento puede ser un aliado. (O si no que se lo digan a mi primo el día de convirtió unas tumbas medievales en pistas de carreras.)
Somos lo que somos gracias a la imaginación, así que prepara un café y siéntate a pensar con lápiz en mano.

 

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