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El mundo de la luz 3

La e-revolución había supuesto un gran salto hacia delante en el desarrollo de Londres, Inglaterra y del resto de viejo continente; pero también había supuesto el reemplazo total de mano de obra humana por máquinas. Ya no había trabajo. Lo que un hombre hacía en unos horas, una e-máquina lo solucionaba en minutos sin un salario a cambio. Tampoco se necesitaban reparadores, ellas mismas se arreglaban o eran mandadas a la central donde e-reparadores reinstalaban los software de funcionamiento. Unos softwares cuya propiedad pertenecía a la nueva nobleza de Inglaterra. Todo esto había supuesto un éxodo urbano y las familias habían vuelto al campo en un intento de salir de la pobreza en la que vivía, pero aunque la tierra tenga memoria, tras siglos sin trabajar sin máquinas, la vuelta a la labranza y ganadería había sido más dura y lenta que lo que habían supuesto en un principio.

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El mundo de la luz 2

Le dolía la cabeza.

Fue en lo primero en lo que pensó cuando abrió los ojos y vio una pared blanca a menos de dos metros del catre en el que estaba tirada.
Intentando no alarmarse, hizo como si estuviera en esgrima y se sentó en la cama para analizar la situación antes de actuar.
No sabía dónde estaba. Tenía el vestido roto y el recogido desecho. Le dolía muchísimo la mano derecha.
Entonces su cerebro empezó a recordar lentamente, recordó que los e- lienzos no habían reaccionado a su tacto, que las luces se habían ido y una mano la había empujado al suelo. Recordó también que como acto reflejo había empezado a lanzar puñetazos al aire en un intento de librarse de la presión que la mantenía inmovilizada. Y luego el negro.
Se puso de pie y miró la habitación, no más de dos metros de ancho por cuatro de largo, un habitáculo de plano extraño cuyas paredes, sin ventanas ni decoración alguna, no reaccionaron a su tacto.
Entonces se asustó, sin la ayuda de los e-lienzos se sentía pérdida y presa del pánico empezó a aporrear la puerta pero lo único que logró fue hacerse más daño en la mano.
Abatida, asustada e intentando no hiperventilar se dejó caer en el catre y con lágrimas en los ojos acarició la tela de su vestido, lo único que sentía real en ese momento.
¿Qué había pasado? ¿Por qué la habían secuestrado? ¿Qué querían?
No supo si fueron horas o minutos los que pasó en silencio hasta que alguien abrió la puerta.

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El mundo de la luz

-Ajustar.- ordenó Charlotte en voz alta y contuvo el aliento mientras el e-corsé se ajustaba solo.

Se miró en el espejo, por suerte la e- peluquera había logrado recoger su pelo liso y rubio en forma de tirabuzones que formaban una corana en lo alto de su nuca.

Charlotte se puso de pie en la plataforma central de su armario para ser vestida y no pudo evitar pensar en lo tediosa que debía ser la vida antes de la IV revolución industrial, esa de la que aquella noche se celebraría su primer centenario. Ella, sus amigos e incluso sus padres y tíos habían nacido en tras la Revolución Electrónica, la e-revolución como era popularmente llamada y por eso le costaba imaginar cómo debía de haber sido la vida de sus abuelos y bisabuelos sin la mágica de los cachivaches e, que te hacían la vida más sencilla.

Como siempre, la plataforma empezó a girar lentamente para que Charlotte pudiera apreciar su reflejo, la e- consejera de moda había elegido para la cena un escotado vestido de seda rosa palo, con una amplia pero no pesada falda cuya armazón estaba realizado según el milenario estilo victoriano pero que a diferencia de su antecesor, no pesaba nada y permitía regular su temperatura haciendo innecesario para la chica elegir un abrigo.

-¿Estas ya?- preguntó su padre tras tocar suavemente la puerta.

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Inventario de maquillaje

Botes, sombras, envases, pintauñas y pinceles. ¿Sabes cuantos tienes? ¿Sabes si lo tienes repetido?

Yo no.

No lo sabía hasta que decidí elaborar un inventario y he de admitir que me ha sido muy útil estas pasadas rebajas de Enero.

Hacer un inventario te permite tirar el maquillaje caducado, ver lo que está repetido y evitar comprar lo que ya tienes.

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10 cosas sobre Eslovaquia

Tres años ya.

Tres años desde que pisé mi primer país ex-comunista. Eslovaquia. Tres años desde que caminé por las callejuelas de su capital Bratislava.

Un viaje es un éxito si su recuerdo te marca para bien y no puedes evitar sonreír al oír hablar de la ciudad.

Y a día de hoy sigo sonriendo ante la mención de Bratislava; una pequeña ciudad del corazón de Europa de la que me llevé una serie de recuerdos:

  1. Que no te sorprenda encontrar mantas en las terrazas, es de lo más normal y la gente las usa para calentarse mientras toman algo por la noche.
  2. El concepto de cafetería ha sido llevado un paso más allá y mientras tomas un café puedes elegir un libro de las estanterías y leerlo en calma.
  3. Pianos. Caminas por la capital y te encuentras pianos en la calle para que la gente los toque. Seguir leyendo
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La toga

Como dije una vez, en Murcias se tapea y se vive en la calle.

Tal vez por su buen clima o por la forma de ser de la gente, las terrazas están siempre llenas.

Hoy vengo a hablaros de un bar que lleva años en la misma esquina. Con una localización envidiable, la Toga se asentó en la plaza de la Merced y sigue siendo un referente para picar algo, comer o beber una cerveza.

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